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UN SEÑOR MUY VIEJO CON UNAS LAS ENORMES (Gabriel García Márquez)

Al tercer día de lluvia habían matado tantos cangrejos dentro de la casa, que Pelayo tuvo que atravesar su patio anegado para tirarlos al mar, pues el niño recién nacido había pasado la noche con calenturas y se pensaba que era causa de la pestilencia. El mundo estaba triste desde el martes. El cielo y el mar eran una misma cosa de ceniza, y las arenas de la playa, que en marzo fulguraban como polvo de lumbre, se habían convertido en un caldo de lodo y mariscos podridos. La luz era tan mansa al mediodía, que cuando Pelayo regresaba a la casa después de haber tirado los cangrejos, le costó trabajo ver qué era lo que se movía y se quejaba en el fondo del patio. Tuvo que acercarse mucho para descubrir que era un hombre viejo, que estaba tumbado boca abajo en el lodazal, y a pesar de sus grandes esfuerzos no podía levantarse, porque se lo impedían sus enormes alas.
         Asustado por aquella pesadilla, …

UNA INDISCUTIBLE OFERTA (Héctor Torres)

Dicen que la diferencia entre la propaganda política y la cuña publicitaria es que una vende esperanzas y la otra vende ilusiones. Las primeras parecen gratis (aunque son a crédito, y sus intereses podrían arruinar el futuro de varias generaciones), mientras las segundas son tan de contado como efímeras. Ambas atenúan neurosis y ansiedades, pero son migajas si se les compara con lo que venden las religiones, que es algo así como “una parcela en el cielo”. Ninguna bagatela, como se ve. Entre los católicos el trámite es sencillo y no exige mucho compromiso: basta arrepentirse periódicamente de los pecados (que esa periodicidad no le quite el sueño a nadie: De producirse un accidente, siempre se contará con el servicio express de la extremaunción). Eso y cultivar prácticas como la caridad, esa “virtud” basada en entregar lo que no se necesita a cambio de acumular puntos para el Título de Propiedad en una parcela que no se tiene. La caridad resulta la cantera perfecta para vivir de un me…

ORLANDO ARAUJO (Cartas a Sebastián para que no me olvide)

ORLANDO ARAUJO (Cartas a Sebastián para que no me olvide)

ORLANDO ARAUJO (Cartas a Sebastián para que no me olvide)

ORLANDO ARAUJO (Cartas a Sebastián para que no me olvide)

Un amigo (sección 1)
Un amigo es el refugio de los miedos que sentimos noche y día, alguien que te mira sonriendo cuando tú lo hieres.
Un amigo te levanta cuando caes y no espera saber que te has caído. Es como si de pronto estás muy sólo y alguien te llama para decirte que lo esperes.
Un amigo es el guante de tu corazón cuando hace frío, el bolsillo donde guardas las cosas que no muestras, el abrigo contra la lluvia del odio, un pararrayos aun cuando no haya tempestad, y una tempestad si en la calma te atormentan.
Un amigo es el espejo donde tú eres él, no apagues esa luz y no le falles en cualquier oscuridad.

AL SUR DEL EQUANIL (Renato Rodríguez)

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El violín de Tacho

Yo nunca supe el verdadero nombre de Tacho. Una vez le pregunté, me contestó con un raro gruñido; no volví a preguntarle más, podría haberse ofendido por mi curiosidad. Tacho era un hombre muy delicado. Una vez su hermano Nicomedes le increpó por el estado de semiebriedad en que se mantenía constantemente y él se sintió tan humillado que juró no volver a pedirle dinero a Nicomedes, ni siquiera en calidad de préstamo. Además, era más fascinante que fuera sólo Tacho y más de acuerdo con las costumbres de allá. Mi nombre nadie lo sabía, yo era sólo el hijo de Rafael y Chabolito era el hijo de Chabolo, a pesar de llamarse Ramón y de que Chabolo se llamaba Salvador y Tacho era Tacho y antes de ser Tacho tal vez fuera el hijo de... yo ni siquiera sé cómo se llamaba su papá. Tacho era músico, tocaba el violín con extraordinaria habilidad y Nino decía que incluso sabía leer música. Yo no sé si era un virtuoso, un gran músico, pero habilidad, eso sí que no se le podía negar, h…